El esperanto es aquello a lo que llaman una causa noble y, por ello, como si hablásemos de justicia y libertad, esta palabra cuesta poco metérnosla en la boca, y es relativamente sencillo que la idea nos convenza, o que convenzamos a otros. Es decir, nuestro movimiento tiene la capacidad de conseguir una fácil aprobación, de generar una percepción positiva. Incluso hay gente que acaba aprendiendo el idioma.
Pero hagamos autocrítica: no estamos aprovechando este potencial en absoluto; te explico: un movimiento social, como es el nuestro, tiene que hacer todo lo que pueda con unos recursos limitados, y la visibilización es de las cuestiones que peor llevamos, por lo que no podemos permitirnos el lujo ‒ni apenas la posibilidad‒ de hacer comunicación de masas y esperar que piquen cuantos más peces posibles, sino que hay que exprimir las acciones dirigidas al público externo (no esperantista), porque lo que estamos haciendo ahora mismo es perpetuar un cuello de botella con un ratio de conversión bajísimo, casi como si ni se colara nada, y encima despreciar el primer estadio: a muchos les atraerá la idea, ¿pero cuántos empezarán a aprender, y cuántos llegarán al menos a usarlo? ¿O cuántos, al menos, harán algo por el esperanto, aunque no lo hablen (y tal vez no lleguen a hacerlo nunca)?

Es cierto que todo movimiento tiene sus barreras de entrada, nuestra principal siéndolo irónicamente la barrera lingüística. No es ningún secreto que aprender un idioma requiera dedicación y constancia, dificultando a este respecto ‒entre otros‒ la voluntariedad de su aprendizaje (opiniones aparte, es un hecho), por lo que sí: hay relativamente bastante gente que incluso empieza a aprender, pero por una razón u otra acaban convirtiéndose en un eterna komencanto (principiante eterno) o un kielvifartasulo (usuario cuyo conocimiento del idioma se limita a unas pocas frases). Y, desde luego, tampoco ayuda cuando te enteras de que la intención de ¿la mayoría? de personas que dan charlas tienen como intención la de hablar del idioma. No digo que no hayamos de informar, ¿pero no será mejor que utilicemos aunque sea técnicas de conversión? Mi intención última, salvo excepciones, siempre ha sido la de persuadir, la de motivar a la acción que deseo.
Vayamos al grano. Teniendo en cuenta nuestras limitaciones, ¿cómo podemos mejorar nuestra situación? Recuerda: tenemos a un significativo número de personas, como quizá sea tu caso que, aunque no sepan hablar la lengua o la hablen muy poco, pueden aportar su granito de arena al esperanto… especialmente si se combina con un movimiento estructurado. Y esto es de lo que quiero hablar en esta colección de artículos: cómo movilizar esos recursos potenciales, toda esa gente que quiere o puede llegar a hacer cosas por el movimiento, y no lo está haciendo porque, para empezar, no sabe cómo, así como tampoco es consciente de las posibles repercusiones de sus acciones. Como si obtuviéramos más fuerza de acción, solo que esos recursos siempre han estado ahí, sin prácticamente estimularse. Estamos hablando de explotar minas vírgenes, y ya va siendo hora de tomárselo en serio.
Te pongo un ejemplo de lo que quiero decir: hace unos años fui a la charla de un grupo de acción política, y justo después me invitaron a hacer activismo con ellos. ¡Esto jamás se lo he visto a esperantistas, como mucho te invitan a pagar por unirte a su asociación, lo cual ni acabas de entender para qué sirve! Además, el hecho de poder participar te hace sentirte parte, y es otro factor que motiva el aprendizaje y afecta a la identidad.
Esta será la fórmula que emplearé: un artículo, una idea sobre qué hacer por el esperanto aunque no lo hables (algo así como el Instituto Fina Venko1 para no esperantistas). Porque lo que no deja lugar a dudas es que todos no pueden hacerlo todo: "¿Qué puedo hacer por el esperanto, traducir un libro? No tengo el nivel ni me gusta hacer eso" sería una síntesis de lo que han pensado muchas personas; debería hacernos reflexionar. Si bien es cierto que las posibilidades de acción disminuyen en gran número si uno no habla el idioma, todavía se puede hacer mucho, en ocasiones incluso con resultados o acciones intermedias de más calidad.
Te invito a enviarme sugerencias para publicarlas. Acepto gérmenes de ideas; una frase basta, y luego yo lo desarrollo.
1 Instituto Fina Venko: centro de formación para activistas que monté con un formato innovador para enseñar cómo podemos ser más eficaces, incluso individualmente. Ahora está en proceso de fusión con TEJO, la organizción mundial de jóvenes esperantistas.


Comments
Have any questions or got anything to share?
Message me on or