Un mundo sin Salinas

He perdido tu voz. Miento. Me la arrancaste.

Hoy escuchaba, de paso o de vuelta, a un psicólogo documentando a tres muros de Berlín la raíz del comportamiento indeseable de un niño. […] Yo ya no recuerdo tu nombre cuando me decías que te cambiara la mirada, porque esta te perforaba. […] Los nombres son como la arena del desierto, que te resbala pretendiendo ser agua, el agua… y que no son ni agua ni nombre ni pluma para el papel.

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Seguro que los pájaros no pararían nunca de volar. Página 357. El marcador, descuartizado en tercera persona, decía Drogas: punto de mira.

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